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Con el espíritu tan inmenso como el albergue este del Gozo, regresamos a buscar las flechas amarillas modernas con la intención de no parar ya hasta la catedral.
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Comenzamos a callejear atraídos por la afluencia de personas. Algo nos hace ir en la dirección correcta, aunque, nos ayuda un poco el gps y la Porta do Camiño.
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Una pequeña parada para admirar otros tesoros de esta impresionante ciudad, nuestra meta está a la vuelta de la esquina, como aquel que dice.
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Nos encontramos con la parte de atrás de la catedral, pero, unas escaleras nos obstaculizan el pedaleo y nos obligan a dar un pequeño rodeo para acceder a la famosa Plaza do Obradoiro.
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Al entrar en esta plaza después de haber recorrido todos esos kilómetros se recibe una sensación muy especial, que compartimos gustosos con muchos de los que allí se encuentran con nosotros. >>> Foto panorámica >>>
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Decidimos entrar a visitar la catedral por turnos, para no dejar solas las bicicletas. Esta no hay que perdérsela.
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Pero, antes nos hacemos la foto de rigor junto a nuestra meta. Le pedimos a un turista que nos haga una foto, pero, el tío no se aclara muy bien con la cámara y al final nos gusta más cómo ha quedado esta.
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Dentro de la catedral hay largas colas de turistas y peregrinos para cumplir una serie de rituales religiosos. Me acerco a ver qué posibilidades tengo de abrazar al santo y decirle un par de cosillas, pero, hay demasiada gente, así que, se las diré de lejos.
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Tiene que ser espectacular el sonido de este órgano.
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En el centro se encuentra la imagen del apóstol, aunque no se aprecia muy bien. Por detrás de él pasa la gente para abrazarle.
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Por estas escaleras se accede al pasillo del abrazo, es todo lo que me voy a acercar a esta reliquia.
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Curiosamente, casi nadie visita el lugar donde yacen los supuestos restos del discípulo de Jesús.
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No me doy cuenta de que me he metido en la catedral con la gorra y el casco en la cabeza hasta que veo más tarde las fotos en el coche. Me había hecho a ellos ya.
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No hemos comido mucho y todavía tenemos que presentar nuestras credenciales para obtener la Compostela, un documento que acredita tu Camino. Salimos de la Plaza do Obradoiro en busca de la Oficina de la Peregrinación, que está muy cerquita.
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De camino a la oficina, todavía disponemos de más catedral.
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Aquí también hay que hacer una considerable espera. Al menos tiene un lugar reservado para poder dejar las bicis. Para alegría de todos coincidimos con los estiraos y los perdíos, que son todos los alemanes que hemos conocido a lo largo de nuestro viaje.
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Finalmente alcanzamos los mostradores y rellenamos nuestros datos. En la hoja donde me toca escribir los míos hay nueve o diez registros más, de los cuales sólo uno viene de Roncesvalles y el resto de Sarria. La simpática señorita me comenta que hay que poner como mínimo dos sellos al día, algo que no sabíamos.
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Con nuestras Compostelas bien guardadas salimos hacia Lavacolla en busca del coche. Tenemos unas tremendas ganas de terminar con las bicis, pero, el hambre puede con nosotros y nos detenemos en un bar para comer más pulpo de aquél. Finalmente llegamos al aparcamiento vigilado y cargamos las bicis en el coche, dando por concluído nuestro Camino de Santiago. Nos espera un largo viaje hasta Alicante, pero, será tratado con calma, como hemos aprendido por estos campos de Dios.
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